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10 razones para visitar MENORCA

Menorca, una isla de contrastes

La isla de Menorca, en el archipiélago balear, concentra una gran cantidad de recursos naturales que la convierten en un destino idóneo para la práctica de actividades deportivas en contacto con la naturaleza

Más de doscientos kilómetros de costa, cerca de un centenar de playas y calas paradisíacas, alrededor de setecientos kilómetros cuadrados de superficie –de éstos, un 42% es territorio protegido-, decenas de barrancos, una extensa red de senderos y caminos rurales, temperaturas suaves y precipitaciones escasas durante todo el año… Son muchas las razones por las que los amantes del turismo activo deberían dar el salto, si aún no lo han hecho, a esta pequeña isla mediterránea, declarada hace más de dos décadas Reserva de la Biosfera.
Su riqueza natural y paisajística hacen de Menorca el lugar perfecto para la práctica de actividades deportivas al aire libre, para el disfrute de las vacaciones en contacto directo con la naturaleza. Su condición de isla, lejos de restarle atractivo, le imprime una marcada singularidad que la distingue y realza en un entorno eminentemente turístico. Y es que pocos destinos mediterráneos concentran en un espacio tan definido una paleta de recursos tan variada y de tanta calidad.
El mar, tranquilo y cálido, de aguas cristalinas, es su principal reclamo. Nadie puede escapar al magnetismo de unas calas y playas más propias de destinos tropicales que del cercano Mediterráneo, ni a la magia de unos imponentes acantilados que recortan, intermitentemente, la costa insular. Vista desde el mar, a bordo de un kayak o de una embarcación a vela o a motor, Menorca seduce hasta al viajero más imperturbable. Más aún desde el fondo marino, fascinante, que nos recuerda la excelente salud ambiental de la que goza la más septentrional de las Islas Baleares.
Pero la belleza litoral no es la única fortaleza de Menorca. Aún siendo una isla de dimensiones reducidas, luce numerosos contrastes en su interior, con parajes más complejos y agrestes en la mitad norte y más homogéneos, aunque estriados por barrancos de frondosa vegetación, en la mitad sur. Una extensa y enmarañada red de caminos rurales atraviesa ambas mitades y descubre a ojos de senderistas y ciclistas –y también a lomos de un caballo- escenarios únicos, de extraordinaria belleza. Entre éstos sobresale el Camí de Cavalls (GR-223), un sendero perimetral de 184 km de longitud que da la vuelta a la isla y permite descubrir gran parte del litoral menorquín, así como algunas de las zonas de mayor interés natural y paisajístico de la isla.
Todos estos recursos naturales, sumados a la existencia de una amplia gama de productos y servicios, hacen de Menorca uno de los destinos a tener en cuenta al planear la próxima escapada.